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Cuando la empresa padece “psicosis de IA”: el fundador de Box advierte que Silicon Valley está usando a los que menos saben del negocio para despedir a los que más saben

📅 2026-05-30 🤖 大模型智能生成

Cuando las empresas contraen la “psicosis de IA”: el fundador de Box advierte que Silicon Valley está despidiendo a los que más saben del negocio con las personas que menos lo entienden

Silicon Valley está viviendo una fractura cognitiva sin precedentes. Por un lado, los ejecutivos se apresuran a hablar del aumento de la eficiencia gracias a la IA en las conferencias de resultados; por otro, las notificaciones de despido caen como copos de nieve sobre puestos de trabajo que apenas comprenden. El fundador y CEO de Box, Aaron Levie, acaba de reventar la burbuja con un nuevo y afilado término: “AI psychosis” (psicosis de la IA).

¿Qué es la “psicosis de IA”? Una alucinación colectiva de la alta dirección

La lógica de Levie es tan directa que raya en lo cruel: aquellos que deciden sustituir tu trabajo con IA son precisamente quienes menos entienden qué es lo que realmente haces. Tratan a los empleados como variables numéricas abstractas que introducen en una fórmula llamada “reducir costes y aumentar la eficiencia”, sin haber penetrado nunca en los capilares de los detalles operativos. Él define este fenómeno como “psicosis de IA”: un estado alucinatorio colectivo en el que la dirección cree que la IA generativa ya es lo suficientemente madura como para asumir sin fisuras cualquier puesto humano, sin necesidad de comprender el valor real de esas funciones. No se trata de un error de juicio técnico, sino de una catástrofe cognitiva organizacional.

El despido del 22% en ClickUp: un caso de manual

Las críticas de Levie no son infundadas. El unicornio de software colaborativo ClickUp anunció recientemente el despido del 22% de su plantilla, con un motivo directo: sustituir a los empleados por agentes de IA. Esta empresa SaaS valorada en más de 4.000 millones de dólares se ha volcado internamente hacia un modelo operativo impulsado por IA, intentando demostrar que “alimentar a menos personas con IA” es un camino viable. Irónicamente, el propio producto de ClickUp es una herramienta que ayuda a los equipos a gestionar el trabajo, y una parte considerable de los despedidos eran justamente quienes mejor conocían la lógica de esa herramienta. Se genera así un extraño bucle cerrado: una empresa que vende herramientas de productividad despide a su propia capa de ejecución de la eficiencia por creer ciegamente en otra herramienta de eficiencia.

La ola de despidos de 2026 ya ha igualado todo 2025: estamos presenciando un derrumbe estructural

Los números no mienten. La magnitud de los despidos en el sector tecnológico en 2026, en tan solo los primeros meses, ya casi ha igualado el total de todo 2025. No se trata de una fluctuación cíclica, sino de un reajuste estructural impulsado por la narrativa de la IA. Lo más peligroso es que muchas empresas, sin haber realizado ninguna validación rigurosa del retorno de la inversión, se han apresurado a incluir “la sustitución de humanos por IA” en sus OKR estratégicos. La velocidad de las decisiones de despido ha superado con creces la madurez real de la implantación de la IA, y este desfase temporal está generando un enorme daño organizativo irreversible. Lo que se está despidiendo no son solo costes, sino también los conocimientos tácitos que necesitan tiempo de sedimentación antes de que la IA pueda replicarlos, la complicidad en la colaboración interdepartamental y la intuición sobre los límites del negocio.

¿Quién debe rendir cuentas por esta fiebre?

El germen de la “psicosis de IA” no está en la tecnología en sí, sino en la brecha cognitiva entre la dirección y la realidad técnica. Cuando los inversores preguntan “¿cuántas personas podéis ahorrar con la IA?”, cuando los consejos de administración convierten la tasa de adopción de la IA en un indicador de evaluación para el CEO, y cuando la competencia entre pares degenera en una carrera armamentística por ver quién recorta más rápido y con más dureza, el terreno para el debate racional desaparece. La advertencia de Levie es en esencia un espejo: si no puedes describir con precisión el valor fundamental de un puesto, no tienes derecho a declarar que ya puede ser sustituido por un algoritmo. Hasta que llegue una verdadera AGI, disfrazar el “desconocimiento del trabajo complejo” como “fe en la IA” es el autoengaño más peligroso que está practicando hoy Silicon Valley.

Esta tormenta acaba de empezar. Cuando los directivos se dejan embriagar por la ilusión de la curva de costes que trae el “AI-pilled”, quizá deberían hacerse la pregunta más sencilla: si la IA es realmente tan todopoderosa, ¿por qué los primeros despedidos son siempre los demás?